En España, hay una media de 10 suicidios diarios. Uno cada dos horas y media. Fueron 3.671 en 2019, según el Instituto Nacional de Estadística. En 2008 los suicidios superaron a los accidentes de tráfico como principal causa de muerte. Ahora los doblan. Por si esto no fuese suficiente, la pandemia ha sacudido la salud mental de la población y han aumentado las autolesiones e intentos de suicidio entre los jóvenes. 

España es el único país del entorno que no tiene un plan nacional de prevención del suicidio. Hay 9,8 psiquiatras por cada 100.000 habitantes, frente a los 17,2 de media en la UE y el Reino Unido; y 16,2 psicólogos clínicos frente a 29,9. Queda mucho por hacer. 

La OMS explica en su plan de acción en salud mental que la pobreza es una condición que aumenta la vulnerabilidad de sufrir un trastorno mental y amplia las consecuencias asociadas a los mismos, como es el caso del estigma, la exclusión y la vulneración de derechos básicos.

Existe una relación causal bidireccional entre la pobreza y los problemas de salud mental. En el artículo de los investigadores de Harvard y el MIT Pobreza, depresión y ansiedad: evidencias causales y mecanismos, publicado en la revista Science en diciembre de 2020, destacan que las personas con ingresos más bajos suelen tener entre 1,5 y 3 veces más probabilidades que los ricos de sufrir depresión o ansiedad. A su vez, las enfermedades mentales empeoran la situación económica de las personas, reducen el empleo y, por tanto, los ingresos de las familias. 

En otro estudio de Renta básica y salud mental de Merlina del Giudice comprueba empíricamente la relación entre determinantes sociales y salud mental y sistemas de garantías de ingresos, buscando patrones comunes en los resultados de 2 pruebas piloto analizadas: Barcelona y Finlandia. 

Los resultados que arrojan ambos proyectos piloto permiten visualizar parcialmente los efectos positivos que un sistema de garantía de ingresos tendría sobre la salud mental de la ciudadanía.  las personas que perciben una renta básica aumentan un 27% la satisfacción general con la vida, tienen 9,8% menos probabilidades de desarrollar enfermedades mentales, 9,7% menor sensación de tristeza. 

El estudio concluye que la renta básica ayudaría a reforzar la sanidad pública ya que reduciría los problemas de salud mental y actuaría como medida preventiva a la vez que mitigaría los problemas socioeconómicos sin estigmatizar a sus beneficiarios/as. 

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